
En noviembre de 1966 el Che inicia una nueva lucha libertaria en Bolivia. Fue en ese país a causa de la lamentable situación política y democrática que atravesaba, con un gobierno –del general René Barrientos- protector de las clases privilegiadas, autoritario y represor de los movimientos sociales, específicamente obreros. De más está decir la increíble intervención imperialista yanqui que sufría –bien sabemos que no era la excepción en el continente-, la cual fue no sólo visible, sino que incrementada por los miedos imperialistas, después de la llegada del Che.
Cuando ya existía certeza de la instauración de la guerrilla en Bolivia, y los militares que comandaban el país ya no tenían opción alguna de seguir negando frente a al resto de Latinoamérica, el mundo y la misma nación, el alzamiento del pueblo, se instauró una campaña de desinformación por parte del gobierno, entregando a los ciudadanos bolivianos versiones absolutamente alejadas de la realidad. Sus objetivos eran más que evidentes: dar una visión negativa de la línea moral y ética de la lucha armada que lideraba el comandante Guevara. Es claro que todas las condiciones estaban a favor del gobierno autoritario, con el control de los medios de comunicación y servicios de inteligencia. Entregarle la verdad al pueblo boliviano era, a lo menos, dificultoso. Pero la verdad revolucionaria supo combatir la mentira desatada. Cuando más se expresaba la desinformación era, por lo general, después de algún enfrentamiento militar. Es por eso que el Che escribe los ‘’comunicados al pueblo Boliviano’’, donde da cuenta de cada una de las bajas, tanto del ejército enemigo como las propias; el número exacto de heridos, incluyendo identificación; como también el número de prisioneros, que luego eran dejados en libertad previa explicación de las causas y objetivos de la lucha armada. Hay cuenta de cinco comunicados, cuatro de ellos dirigidos al pueblo Boliviano y uno dirigido a los mineros bolivianos.
Esta es la máxima expresión de la capacidad de entregar la verdad a la nación entera, sin esconder dato alguno, sin miedo a una reacción contraria del pueblo, porque el Che tenía la convicción de que cada ciudadano boliviano tendría la autonomía necesaria para formar su propio juicio sobre la realidad que estaba viviendo el país, y que sin duda apoyaría la lucha de liberación desatada. Es así como llamaba a cualquiera que estuviese dispuesto a empuñar el fusil por la defensa de la nación: ‘’Hoy hacemos un llamado a obreros, campesinos, intelectuales; a todos los que sientan que ha llegado la hora de responder a la violencia con la violencia y de rescatar a un país vendido en tajadas a los monopolios yanquis y elevar el nivel de vida de nuestro pueblo, cada día más hambreado’’ (extracto del ‘Comunicado no. 1 al pueblo Boliviano’). Es cierto que no todos los comunicados redactados por el Che llegaron a publicarse, pero muestran la decisión y principios de la lucha revolucionaria que emprendía, y que con toda seguridad, también fue llevada en otras instancias de liberación, ya sea en El Congo o Cuba.
Algo tan simple como entregar la verdad de lo ocurrido es lo que actualmente nos cuesta tanto, o mejor dicho, les cuesta tanto a las autoridades. Sólo podemos afirmar que debemos traer el ejemplo guevarista hasta nuestros días, y ello es posible entregando la información a nuestro pueblo, lo más detallada posible, asumiendo responsabilidades de actos propios, como también culpando, con razón, los actos imputables al gobierno.
Este mes se cumplen cuarenta y un años de la muerte del Che en Bolivia, en una escuelita de La Higuera, donde ocurrió lo que jamás habría dudado: entregar la vida por cualquier pueblo latinoamericano oprimido. Debemos conmemorar la vida y entrega de uno de los revolucionarios más grandes de la historia, dando testimonio de su vida y pensamiento. Es nuestra misión como jóvenes, pensando en los movimientos sociales, en la organización estudiantil y en la lucha sindical y trabajadora, que son nuestras principales armas revolucionarias actuales e inmediatas, para todos aquellos que siguen la visión y senda del Che.
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