“Quiero ir a Un Techo para Chile. ¿Irías conmigo?”.
Con honestidad y una efervescencia que me dio gran labia, le respondí:
“Es de la derecha y hay que pagar veinte y tantas lucas para participar. La diferencia entre los trabajos voluntarios que la jota está retomando y las organizaciones como Un Techo para Chile es el objetivo que se proponen y cumplen. La jota no sólo ofrece un trabajo práctico con resultados inmediatos como construir una mediagua, sino que el fin de nuestra labor es poner los cimientos de algo mucho más duradero y prolífico: conciencia colectiva. Queremos volver a tener un pueblo conciente de su clase y de que este sistema económico sólo lo engaña con la pomada del EMPRENDEDOR. La dictadura se encargó de desorganizar al pueblo e instaurar el individualismo de “cada uno mata su toro”; tú y yo podemos comprobar día a día que el individualismo sólo nos lleva al chaqueteo clásico del chileno promedio. Yo prefiero dar mi tiempo y mi energía vital en un trabajo voluntario que tiene como norte la unión del pueblo para que aprenda a luchar con sus propias manos no sólo por su familia, sino que por su comunidad. Me es mucho más gratificante saber que estoy ayudando a reconstruir al Pueblo Chileno, en vez de sólo ayudar MOMENTÁNEAMENTE a una familia. En fin, amiga mía, yo te amo mucho, pero no pondré veinte y tantas lucas, mi tiempo y mi energía en un proyecto sin visión de pueblo. Te invito cordialmente al próximo trabajo voluntario de la jota. Nadie va a exprimir tu chauchera y la vamos a pasar la raja igual”.
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