miércoles, 22 de octubre de 2008

11 de Septiembre una fecha que sabe amargo


Temprano, la ciudad se vació de locomoción colectiva. A eso de las 21:00 hrs. sólo circulaban vehículos particulares en un afán rápido por ir a refugiarse a sus casas. Por la radio, Carabineros de Chile estaba informando a la población de "redadas" en ciertos sectores poblacionales donde buscaban armas y grupos organizados que estuvieran planeando hacer manifestaciones en la noche. Afán preventivo que nunca ha resultado.
Nos reunimos unas 60 personas en el frontis de lo que fue la Casa del Presidente Allende en calle Tomás Moro, casa que actualmente continúa en manos de la Fuerza Aérea de Chile (se la habrán dejado para ellos debido a que la bombardearon ese 11 de Septiembre). La administración de la casa nos apagó las luces del frontis, pero como somos porfiados hasta la sobrevivencia, encendimos velas e igual le hicimos un Homenaje al Hombre, al Presidente, a Allende, en el Centenario de su Natalicio, en el recuerdo de su firmeza, su consecuencia, su lealtad. Hay tanta dignidad en Allende: los años sólo logran aumentar su prestigio. Aunque los milicos golpistas quisieron borrarlo de la historia de Chile, sólo consiguieron que más lo recordemos y lo pongamos como ejemplo.
Terminamos nuestro homenaje y, como la marea total de la ciudad, regresamos a nuestras casas. En la noche, apagones de luz. A lo lejos sentía balazos en la cercana población La Legua. El 11 de Septiembre ha ido mutando sus formas: de una lado están los múltiples actos de conmemoración repartidos en todo Chile, en La Moneda, en el Monumento a Allende, en su casa, en el Estadio Nacional, en lugares y lugares que recuerdan a la Unidad Popular y en lugares y lugares donde hubo centros de detención, de tortura, de dolor. Son muchos los Homenajes que debemos hacer. Muchos recuerdos. Mucha memoria por levantar. Y por otro lado, el 11 de Septiembre ha ido haciendo aparecer la mugre que la transformación social neoliberal ha depositado en nuestro país. Jóvenes, muy jóvenes, casi niños, mezclan la protesta un tanto inconsciente, descontextualizada, despolitizada; con las muchas deudas y frustraciones que la democracia neoliberal les entrega, así, en una mezcla de delincuencia, microtráfico de drogas, armas fabricadas a mano, frustración, rabia, desarraigo, un apartheid violento que divide a Chile en Clases Sociales cada vez más distanciadas una de la otra… Así, el 11 de Septiembre se transforma en una protesta de la segregación social, la verdadera herencia de la dictadura de Pinochet y que la Concertación no ha podido (¿o no ha querido?) desmontar.

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