jueves, 25 de septiembre de 2008

A 60 años de la LEY MALDITA


“Se prohíbe la existencia, organización, acción y propaganda, de palabra, por escrito o por cualquier otro medio, del Partido Comunista”. (Articulo 1, ley 8.987 de “Defensa Permanente de la Democracia” o “ley maldita”). De este modo parte el intento legal de exterminio del Partido Comunista.

Es el 3 de septiembre de 1948 y se promulga la ley de defensa permanente de la democracia que el pueblo bautizara como “Ley Maldita”, el partido es declarado ilegal, se clausura su diario y se confiscan sus bienes. Los comunistas intentan resistir, pero la persecución es enérgica. Por petición del propio González Videla, se crea en Pisagua el primer campo de concentración hecho especialmente para la prisión y rehabilitación de los comunistas. Neruda es destituido y perseguido, debe partir a la clandestinidad y al exilio. El pueblo de chile ve con espanto y temor como sus representantes de pensamiento y de clase son encarcelados, es el propio pueblo el que vive en carne propia la represión y la tiranía. “Hoy se trata de fusilar la idea del marxismo, como un prologo al descuartizamiento de todas las ideas de justicia y progreso social, de libertad y de democracia. Pero se equivocan. El marxismo en este año ha cumplido un siglo, donde ha conocido todas las persecuciones, todo el rigor de las ilegalidades, de los pelotones de ejecución y, sin embargo, ha emergido de la cárcel, del campo de concentración y de la muerte, más joven y luminoso que nunca"[1].

Tendrán que pasar 10 largos años para que la “ley maldita” sea derogada, hecho ocurrido durante los últimos días del segundo gobierno de Ibáñez en 1958. No es ni será tarea fácil acabar con la soberanía del pueblo, con su clase, con sus propias determinaciones y organización. Para el pueblo y para los comunistas el futuro es sinónimo de esperanza, proyectar en realidad concreta lo que le pertenece, la felicidad y los sueños de un pueblo que ha sido valiente, que ha sabido combatir y resistir. “El Partido Comunista de Chile, es carne y sangre del pueblo. Su ideología es la ideología de la clase obrera. Sus filas se nutren de los mejores proletarios. Para acabar con él habría que acabar primero con la clase obrera y el pueblo chileno. Y eso nadie ha podido ni podrá hacerlo”[2].


[1] Extracto del discurso pronunciado por Ricardo Fonseca en el Congreso Nacional, en su calidad de Secretario General del Partido Comunista, días antes de promulgada la ley maldita.

[2] Del libro “Ricardo Fonseca Combatiente Ejemplar”.


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