domingo, 17 de agosto de 2008

La Marcha (anónimo)


Son las 9:50 de la mañana,
Día miércoles,
Día frío y nublado,
Día de marcha.
Estoy algo atrasada.
Con una especie de curiosidad y decepción me pongo a observar el rostro de la gente en el metro ¿sospecharán algo de lo que irá a pasar hoy por las calles del centro, de lo que muchos de los jóvenes ansiosos y esperanzados aguardan en este preciso momento? No, seguramente llegarán por la noche a ver en el noticiero lo violenta que está la juventud.
Oye, pero esta cosa que se demora!, y siempre cuando una va más apurada, lo bueno es que a esta hora los compañeros de la Jota ya deberían estar todos reunidos en Plaza Italia.
10 de la mañana con 5 minutos,
Todavía no sale el sol,
No creo que salga.
Hay mucha gente, quizás la marcha más grande del año, esto está bueno porque se nota que ha valido la pena tantos esfuerzos de trabajo local, de largas discusiones y horas de preparación. ¿Y él, dónde estará?, por qué siempre le da por no andar con el grupo. Es una cosa terrible, al final ando con el cuello estirado tratando de identificarlo entre la masa alborotada de estudiantes, un dolor y tensión muscular insoportable que ya me tiene por abandonar toda esperanza. Lo bueno es que ya no me cuesta nada distinguir todo tipo y clase de estudiante que en marcha alguna no puede faltar; los clásicos compañeros comprometidos de la “U” que apañan en todas, los que vienen a pinchar (los poncios pokemones), los ultrones (armados pero encubiertos), los entusiastas (o los motivaos), los creativos (o súper locos), los de los gritos (los que no faltan en el estadio), los que se la saben o creen que se la saben todas (los recorridos, lo que va a pasar, cómo actuar, cómo correr, qué decir, etc.), los que andan cagados de miedo (o medios masoquistas), los hippies, los colados (movimiento gay, defensores de los animales, de la marihuana, etc.), los panfleteros (más conocidos como “los troskos”), los flaytes, los que se creen bakanes por andar en marchas y los que creen bakán la marcha, los veteranos y así muchos más. Y bueno, a los jotosos ya los tengo a todos identificados…menos uno. ¡Qué huevada!, siempre lo mismo.
De pronto comenzamos a avanzar, y ya no queda más en mí que la idea de marchar codo a codo con los compas entonando canciones y gritos a la calle, gritos que llegan a los oídos entumecidos de la gente que ignora y la que se detiene a mirar, y así pasan los minutos de júbilo, con conversaciones entrecruzadas que nos ayudan a poner al día nuestros conocimientos sobre lo que se ha dicho en las noticias respecto al movimiento, sobre la actualidad, sobre las copuchas, sobre las tareas de la Jota y así una serie de temas enmarcados en diálogos sin terminar, interrumpidos por algún grito de protesta, como el típico “concertación, vergüenza nacional…”, o el “Hay que ver a este gobierno, hay que ver la vuelta que se da…”, y no falta el grito “Educación primero, al hijo del obrero…” cuando pasamos por al lado de los edificios o calles en construcción, y unos cascos de colores se asoman contentos.
De repente, mirada fugaz, en la marcha que se adhiere por el costado izquierdo te veo desde lejos, un retorcimiento de tripas, nudo punzante en la garganta y una pérdida de aire que me pone como loco el corazón.
Te ignoro.
Entonces busco rápidamente a alguien con quien hacerme la tonta y conversar…pero qué linda te queda esa camisa amaranto. Me sonrojo y el día se vuelve tibio y húmedo. No si la cosa está que arde en la marcha…
De pronto me distraigo con el zorrillo que pasa amenazante por nuestra derecha, pero nuevamente te vislumbro, ahora sin buscarte te me apareces por todos lados y no quiero que te acerques que tiemblo, mi pecho retumba…¿será por los gritos?. No sé pero ya la cosa pierde control, tú cada vez más cerca y la marcha cada vez más rodeada de pacos y mounstrillos verdes…¿oye pero en qué momento?, y entonces se vienen los primeros empujones de la histeria colectiva, y la Jota ahí como siempre tratando de controlar la revuelta. Tú, tan enérgico y decidido, como un ejército galopante de caballos hacia mí, que hasta en los pies siento un vibrante cosquilleo, me doy vuelta y la cosa se puso fea. Tengo que pedirles limones a los compañeros, fijar lugar de encuentro y las típicas cosas mira que si fuera por los ultrones y los pacos, terminamos todos mojados y llorando como magdalenas.
Pero ya estás demasiado cerca, y esa galopante sensación en el pecho, me congela y me agita, que hasta lo más estéril de mi cuerpo parece llenarse de tal vida que no es capaz de responder. Siento los golpes de quienes corren por mi lado y aunque estás tan seguro quiero advertirte de la situación, pero esa cosa tuya me tiene como en un placentero embobamiento y entonces comienzo a llorar…me agarró la lacrimógena. Y así sin darme cuenta se viene lo que en mi estado, no habría podido evitar, un súbito golpe de aquello que no entiende de mística y amores, de aquello que empapa inmundicia y rabia sobre los caminos de la juventud. Un compañero me grita y me hace señas con la mano, pero ya es demasiado tarde, tú ya estás de espaldas tratando de buscar salidas, y entonces los duros tentáculos de la fuerza policial me absorben sin poder evitarlo…
¡Pa’ dentro!

Día miércoles,
Día frío y oscuro,
Día de marcha.
Estoy en la comisaría…pensando en que si el amor es más fuerte,
entonces habría que empezar a buscar una manera de alertarlo.

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